Twitter o el efecto de una decisión trascendental

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Hace casi tres años, durante el mes de julio de 2014, supe qué era vivir sin arrobas en Twitter. Se sabía que la red social estaba haciendo pruebas en este sentido al menos desde el mes de marzo de ese mismo año, cuando Buzzfeed publicó unas capturas que lo demostraban, y dos meses más tarde me tocó a mí. Tuve la característica a lo largo de un mes y, de un día para otro, todo volvió a la normalidad. Las respuestas recuperaron sus nombres de usuario y sus arrobas. Todo lo que aprecié en el test lo conté aquí.

Dejando a un lado los persistentes rumores sobre la compañía y los cambios que valoraba llevar a cabo, no supe mucho más de las pruebas hasta hace precisamente un mes, cuando nuevamente me desaparecieron los replies con el nombre de usuario a la antigua usanza. Durante todo marzo usé la plataforma con la prueba, como la otra vez, hasta que el día 31 pasó. Twitter anunciaba que este funcionamiento para las respuestas se quedaba, excluyendo además del límite de los 140 caracteres a los nombres de usuarios implicados. Y llegó el drama.

Aunque a nivel de funcionamiento la cosa cambia poco, a decir verdad, porque rara será la vez en que se responda escribiendo un nombre de usuario, los cambios vienen en lo visual. La interfaz, por decirlo de algún modo, cambia su discurso.

Hasta hace un par de días, una interpelación en la red social venía precedida por el nombre o los nombres de usuarios de los interpelados. Un código tuitero como en su momento lo fue el «RT», cuando los retuits no eran más que el invento de sus propios usuarios. El nuevo sistema, y aquí viene el problema, modifica este rasgo esencial. Desaparece el usuario de la respuesta, pareciendo prácticamente un tuit al uso, y su naturaleza viene dada de dos maneras. Con una leyenda ubicada sobre el texto, «en respuesta a @usuario», una mejor solución a la empleada en 2014, que usaba los nombres y no los usernames; con las líneas que ligan un tuit con otro, característica que data de 2014; o con ambas soluciones a la vez.

Al cambio en la interfaz, bastante incómodo para una amplia mayoría de usuarios a la vista del gran número de voces críticas vistas estos días, se suma la posibilidad de incluir hasta cincuenta personas o perfiles en una misma conversación. Posibilidad interesante, a priori, que rápidamente pasa a verse más como algo negativo que como algo positivo.

Primero, porque rara vez una multimención junta más de una decena de personas, sin que se convierta en un gran circo. Segundo, porque resulta complicado seguir el hilo de una conversación con más de una o dos personas, ya que las preguntas terminan por solaparse y el diálogo termina con ramificaciones. Tercero, porque sin restricciones de ninguna clase podemos vernos inmersos en conversaciones multitudinarias, recibiendo varias notificaciones por segundo, sin herramientas que puedan controlarlas. Con esas ramificaciones y los hilos diferentes que terminan formándose, la opción de silenciar una conversación se convierte en inútil. Cuarto, porque todo esto puede favorecer la aparición de spam incontrolable si no se toman medidas contra el abuso. Y quinto, aunque esto se solucionará pronto, espero, porque estas conversaciones concurridas asustan de lo lindo en clientes de terceros.

A pesar de todo, el cambio me parece correcto. Desvirtúa lo justo la esencia de Twitter, sin dejarlo irreconocible del todo, al mismo tiempo que facilita el entendimiento de la plataforma para nuevos usuarios acostumbrados a otras redes. Lo que la compañía necesita para mejorar resultados y asegurar su supervivencia. Lo que creo que queremos todos los que la usamos a diario y nos gusta. Quizás no termino de ver las soluciones empleadas para conseguirlo, la disparidad a la hora de aplicarlas según el lugar, pero a falta de un necesario pulido, creo que puede terminar bien. Aquello de enlazar conversaciones, lo de las famosas líneas, mucho me temo que fue una manera de acostumbrarnos a esta nueva realidad.

En unos meses, como tantas otras veces, las incomodidades habrán quedado atrás. Tiempo es lo que se necesita. O eso creo.

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