Adiós al 16, hola al 17

adios-2016-hola-2017-balance

Aunque nunca he sido un entusiasta de la época estival, la transición de agosto a septiembre me suele resultar agridulce. El verano suele ser sinónimo de asueto, de vacaciones, de paseos interminables y de ver el tiempo pasar lentamente. Y es sinónimo de ello en prácticamente todos los momentos de nuestra vida en mayor o menor medida. De niños, chavales y adultos. Septiembre, para variar, repite el esquema desde el otro lado. Vuelta a las rutinas, fin de descansos… dando generalmente igual la edad, el momento y el contexto. Siendo el significado del tránsito algo parecido. Comenzar de nuevo.

Paradójicamente, cuando dejamos atrás un año y comenzamos uno nuevo no se produce ningún cambio significativo más allá de lo obvio. Cambiamos de cifra y poco más. Como mucho, hacemos un balance de lo acontecido desde el 1 de enero pasado, quizás nos proponemos metas o deseos para cumplir a partir del próximo y ahí paramos de contar. El arranque de un nuevo curso como tal, el inicio de una nueva etapa, la subida a otro escalón vital está esencialmente en el fin del verano. O eso creo yo.

Esta manida y prescindible reflexión me sirve para introducir un balance parcial de aquella lista de despropósitos que hice. El artículo que escribí en los primeros días de este 2016. Una concatenación de intenciones a la inversa que he intentado cumplir en la medida de mis posibilidades, aunque parte de los objetivos sean a largo plazo. Propósitos vitales para toda una vida, más que para un año en particular. Pero bueh, vamos a ello.

Decía que no me gustaría quedarme en casa más de lo necesario y no lo he hecho. Comencé el año anterior con bastantes ganas y este, sin duda, he viajado más que nunca gracias en gran medida a quien tengo al lado. Alemania, Barcelona, unas cuantas escapadas más y ser turista en las ciudades de uno, algo imprescindible, ha sido sin duda parte de lo mejor del año. Nada que reprocharme en este punto. Incluso puede que me extienda sobre los viajes próximamente, ahí lo dejo.

Decía también que no me gustaría no ver más cine y no ver series, y lo cierto es que este año me he aplicado el cuento. Después de muchísimo tiempo sin ver prácticamente nada, he seguido series como El Ministerio del Tiempo, Chef’s Table o Black Mirror. Dentro de las series, podríamos añadir también las no visuales, como por ejemplo El gran apagón, de la que hablé en el último artículo dedicado a los podcast. He visto bastantes películas, aunque menos de las que me hubiese gustado. Y además he consumido buena cosa de documentales, algunos de los cuales me gustaría comentar en el blog dentro de no mucho tiempo. Ahí queda la intención también.

De igual modo, poco a poco he rescatado tiempo para leer como me propuse, aunque de nuevo en una medida inferior a la deseada. Nunca se lee suficiente, esa es la pura verdad. Por otro lado, he aprendido un poco más a no perder ese preciado tiempo en asuntos que no lo merecen. Es limitado y no estamos para malgastarlo, aunque a veces no pueda hacerse otra cosa. Y por último, cabe decir que me he preparado en aquello que decía del azar y esa cierta desorganización metafórica. Aquí seguramente sólo yo me entienda.

El resto de despropósitos continúo trabajándolos para en algún momento poder señalarlos como cumplidos con gran holgura y no raspados. No he dejado de aprender ni de crecer, creo que me es natural y consustancial, pero quiero más. Sentir que doy pasos más grandes y rápidos, que voy mucho más allá que lo que puede llevarme la fuerza diaria y la inercia del no parar. Progresar, progreso adecuadamente, como debe ser. Pero quiero saltar alto. Sentir más. Ser más. De hacerlo y acelerar más si cabe el paso irá el 2017.

No hay comentarios todavía.

Deja un comentario