El Viaducto de Segovia, el puente de los suicidas madrileños

Viaducto de Segovia de Madrid

Entre la plaza de España y la plaza de San Francisco de Madrid discurre la calle Bailén, una de las más importantes vías de la ciudad que salva desde la segunda mitad del siglo XIX, y gracias al Viaducto de Segovia, el desnivel de la calle del mismo nombre.

A lo largo de la historia diferentes fueron los proyectos que pretendían unir, mediante una gran avenida que salvase el desnivel de la calle de Segovia, el Palacio Real con la Basílica de San Francisco el Grande. No fue hasta el año 1868 cuando por fin se aprobó una de estas iniciativas, concretamente la que proponía la construcción de un gran puente de hierro y madera que por fin uniría estas dos próximas, pero a la vez alejadas, zonas del Madrid de los Austria.

Antiguo y primitivo Viaducto de Segovia

Las obras de este primer viaducto concluyeron, y en el año 1874, en plena Primera República Española, se inauguró. Sin embargo, esta primera construcción poco tardó en quedarse anticuada, y en 1932, cincuenta y pocos años después de su apertura, el viaducto fue derribado dando paso al actual; de hormigón armado pulido, unos dos metros más alto, sensiblemente más ancho y pensado para soportar el incipiente aumento de tráfico que experimentaba Madrid.

Sea como fuere, ambos viaductos han ejercido desde prácticamente el principio, una atracción sin igual para los suicidas madrileños. Ya en 1875, tan solo un año después del estreno del primitivo Viaducto de Segovia, el ayuntamiento de la ciudad se vio en la obligación de colocar alambradas a lo largo del puente, con el fin de evitar esta práctica.

Mamparas del Viaducto de Segovia

Pasados los años, y con la construcción del actual Viaducto de Segovia que todos conocemos, la negra tradición de los suicidios se mantuvo e incluso acrecentó. Entrados ya en la década de los noventa, las estadísticas hablan de hasta cuatro suicidios al mes. Con estas alarmantes cifras, y al igual que pasó en el 1875, el Ayuntamiento de Madrid decidió instalar mamparas antisuicidios a lo largo de todo el viaducto, conocido ya popularmente como el puente de los suicidas. Esto sucedió en 1998, y desde entonces hasta la actualidad los suicidios han descendido siendo prácticamente inexistentes aunque, de vez en cuando, siguen intentándolo (y consiguiéndolo).

La primera imagen es mía, la segunda imagen doble pertenece al coleccionable de Diario 16 ‘Recuerdos de Madrid (en postales)’ y la tercera y última a Google Maps.

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2 respuestas a El Viaducto de Segovia, el puente de los suicidas madrileños

  1. Babachwan 5 marzo, 2012 a la(s) 21:35 #

    La verdad es que estar allí, escuchando la historia (y contada por ti, además) impresiona… Es un lugar curioso y bonito que no te lo imaginas ‘macabro’ hasta que no sabes esa parte oscura que tiene, y que por muchos medios que le pongan y aunque se reduzca, sigue pasando. Son esas historias curiosas en el peor sentido, desde luego. Tristemente interesante.

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  1. José Zorrilla y el funeral de Mariano José de Larra | Toni En Blanc - 7 mayo, 2012

    [...] Por cierto, un último detalle: Mariano José de Larra nació en la madrileña calle de Segovia, en la antigua Casa de la Moneda, donde trabajaba su abuelo. Curiosamente, en ese mismo enclave se alza en la actualidad el Viaducto de Segovia, el puente de los suicidas madrileños. [...]

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