
Siempre que sucede se dice, pero no por ello la frase carece de sentido: el cierre de un medio de comunicación siempre es una mala noticia. Sí o sí. Sea afín a nosotros, al vecino del quinto o al mentecato conductor de autobús que no nos saluda por las mañanas. La desaparición de, en este caso un diario, Público, es la desaparición del altavoz de una parte de la sociedad, la desaparición de una opinión, la desaparición de una manera de informar. Un paso hacia una pluralidad informativa más singular.
El pasado 3 de enero Mediapubli, la editora tanto de la cabecera en papel como de su versión digital, presentó concurso voluntario de acreedores. El plazo para encontrar inversores ha vencido, los cerca de nueve millones de euros necesarios para continuar con la edición impresa no se han conseguido y por tanto, Público en papel, echa el cierre. La edición digital del periódico, Público.es, no se verá afectada por lo acontecido y según el propio medio, continuará desarrollando su actividad.
Más allá de ponerme a divagar, quiero recordar con alguna de sus portadas esta cabecera que irrumpió en los quioscos españoles allá por el 2007. Reconocidas y apreciadas, las portadas de este diario siempre se han caracterizado por no dejar indiferente a nadie y por contar con un diseño pocas veces visto antes en España. No en vano Público consiguió durante cuatro años consecutivos el reconocimiento al diario de ámbito estatal mejor diseñado de España, según el jurado de los Premios ÑH8, y además, es el diario mejor diseñado de España y Portugal en 2011, según la SNDE. (Por cierto, las dos portadas que presiden este artículo son la primera y la última del periódico.)

Directores de arte como Fernando Rapa Carballo o Diego Areso —autor del recomendable blog sobre diseño y prensa Quintatinta—, han hecho posible esto. Gran diseño y grandes portadas que, independientemente de lo que cada cual piense sobre lo que dicen, lo son sin lugar a dudas. Portadas imaginativas, genuinas, creativas y sobre todo, directas y transgresoras.
No quisiera terminar este artículo sin mencionar a Manel Fontdevila, ese historietista que ha publicado diariamente sus tiras en Público. Tiras graciosas, reflexivas, y sobre todo, críticas. Esta es la última, inspirada en la fotografía Muerte de un miliciano de Robert Capa. La última, el Último gag, como él mismo la ha titulado.





Com a “exiliat”, celebro especialment que el web continuï operatiu: era la meva única via possible d’accés al diari. RIP, Público en paper.
Diuen que el web continua, encara que una part dels treballadors no se’n refia…
Qué importante eso que has dicho, ‘la desaparición del altavoz de una parte de la sociedad’. Guste o no, toda voz y opinión ha de ser expresada y esta era una más, y una importante, directa a la calle con sus portadas, directa a los ciudadanos. A algunos al menos, claro está. Una pena que no interesa sacar adelante este periódico y otros sí, una pena.
Me encantan la portadas como dices tan directas, transgresoras, con las que rápidamente conectas, te entiendes y tomas parte. Una pena, pero un muy buen post.